12 de agosto de 2014

Que frío te vuelves, corazón. Sin el café, sin las caricias, sin los libros por la mañana. Y yo te siento decaer, esfumarte, ceder ante el miedo y la tristeza.

Es así como mi corazón hiriente, espera que te vayas, que desaparezcas, que tus pasos no dejen rastro alguno, que no seas ni siquiera recuerdo constante, sed que no se quita, hambre que no llena.

Que frío te vuelves, corazón, pero es lo mejor para los dos.