8 de julio de 2014
Me gustaba que fuera una estrella, podía haber miles y miles igual que ella, pero en realidad ella era distinta. Podían algunas brillar mucho más, pero ella tenía aquel brillo interior que hacían a mis pequeños ojos deslumbrarse, podían otras ser más bellas y que cumplieran mejores deseos, pero yo no pedía nada más que su presencia, que me hacía volar hasta la luna sólo para tener mejor alcance. La esperaba siempre desde el atardecer, sobre las nubes, tomando un poco de agua, hasta que decía adiós al sol y la noche nos cubría con su manto, ella y yo, no había nadie más.