Disfruté cada una de las noches en las que nos encontrábamos, ella perdida en su mente y yo perdido en mis miedos. No nos besábamos, eramos compañeros de vida, despertábamos temprano y cada uno al día siguiente hacía lo suyo, lo normal. Empecé a notarla interesante, empecé a pensar en ella frecuentemente y no como una amiga, sino como una chica bella, ardiente y tierna. Esa noche, estaba tan caliente, la sentía tan cerca y no podía hacer nada... trate de tocarla de la manera más tierna y suave, pero mis manos querían arrancarle la ropa, mis manos querían tocar su sexo, mi boca quería morderla en todos los lugares posibles; de lo metido que estaba en mis pensamientos no me di cuenta que ella me hablaba que me decía algo que no entendía, hasta que me grito "Ey ¿Por qué me miras así?" y yo aún en mis pensamientos tontos respondí "Es que tengo ganas de quitarte toda esa ropa, esa ropa que me da celos porque está pegada a tu piel, centímetros que le estorban a mi cuerpo" Me sonrío, me sonrío y luego me di cuenta de lo que dije... Y su boquita pronuncio unas palabras " por favor sigue adelante, no sé porque te has callado todo este tiempo"
Nos acariciamos, alentándonos rápido a quitarnos la ropa, le toque el sexo, ya húmeda por mis palabras, y ella toco la punta de mi pene, ya erecto por su cuerpo, hasta que me acorde de algo importante...
—Se me olvidaba algo... tenía que ir a la compra de un condón
—No tienes que ir, hay en mi cajón, póntelo rápido y hazme tuya, por favor
Y entonces la folle, pero había algo más...