6 de octubre de 2014

Hay a veces cosas tan simples, que hacen que a uno se le rompa el corazón.
Es un valor máximo para algo tan diminuto, para otros ojos, tan insignificante.
Un abrazo, una sonrisa, un silencio, una risa, una mirada, un suspiro, un roce, apoyo, comprensión, tacto, una caricia, unas palabras...
Y en un conjunto de ellos, tal vez me haría llorar como loca, como nunca, como si toda el agua de la tierra, del universo, hubiera decidido posarse en mis mejillas.