23 de agosto de 2014

Pude tocarle los labios por fin, era preciso apresurarse, creí que era un sueño. Pensé después que no debía, que esto no era un espejismo mío, que esto no era una broma, la tenía en frente mío, sonriendo, miré cada rasgo de cara, como sus labios se curvaban, la manera en que sus mejillas se ponían levemente rosadas y como sus pecas combinaban perfectamente con su cabello. Estaban esos labios, que sonreían deseosos, esos dientes que mordían su labio inferior, esa boca que gritaba que la besara. Vi en sus ojos algo más que ternura o tristeza, vi alma, su alma era sorprendente, quién sabe, tal vez era un loco enamorado, pero era grandiosa la manera en que toda ella era maravilla, un demonio angelical. Siempre que la veo, me suena el corazón como la primera vez. Siempre que la miro, mis ojos no ven a otro lugar más que hacia ella. Siempre que la sostengo en mis brazos es ella, magia, fuego, lluvia.