15 de agosto de 2014

Era una pequeña luz que parpadeaba en su interior. No muchas veces la veía, eran contadas las veces que esa pequeña luz en su interior parpadeaba unos cuantos segundos, y luego ya no más nada. Ocurría cuando veía algo que le encantaba, y sus ojos se llenaban de emoción, o cuando leía un poema, una y otra vez hasta aprendérselo, para repetírselo en las noches, o esas veces en las que veía relámpagos y escuchaba truenos, y de la nada escribía. Pocas veces la vi así, tintineante. Pero aquella vez era diferente, yo estaba enamorado de ella ¿Y cómo no? Tenía pestañas largas, que hacían notar que sus ojitos eran aún más pequeños, esa sonrisa de niña inocente, y esos labios de mujer mala. Era como una en millones de chicas, amaba su luz, su calor, su frialdad. Esa vez, me atreví a besarla, ella reía sin parar por algo que hice, algo estúpido, debo de decir, pero se reía, se burlaba de mí, y me encantaba, la vi, mire sus mejillas, como dos bombones apetecibles, y esa boca rosa, la sostuve, suavemente por la cintura, y le dije "Me encantas" paro de sonreír, por un momento pensé que me golpearía o algo así, y sólo entre cerro sus ojitos, no sé porque razón, tal vez para ver si era real lo que decía, y la bese, fue un roce, algo eléctrico, me parecía voraz y apenas llevábamos un roce ¡Que tonto! pero ese beso activo algo en mí, algo en ella, su luz comenzó a brillar, y no sólo fue por el momento del beso, fue largo tiempo, se despego de mí, espantada por lo que yo le había provocado...