16 de julio de 2014

A todos les gusta la calidez de mi cuerpo pero, nadie nota lo frío que mi corazón está. Todos duermen cálidamente sobre mi pecho, acurrucados en mis senos. Me miran por un segundo y creen que soy fuego, que ardo pero, en realidad soy agua, que ahoga, lágrimas saladas que mojan. Una verdad, una divina tortura: Se adentran en mis pétalos, les urge sentir el tacto, piel con piel. Nadie se atreve a ir más allá, a un jardín que oculta mis más melancólicos y tristes secretos. Sin dudarlo sé que soy flor con espinas, no para herir, sólo para protegerme de otros. De unas manos que sólo cortan... y no sienten.