Ayer soñé que me querías. Así, estabas tú, diciendo muchas tonterías sobre mi belleza, mirando mi pelo, mis hombros, mis labios, mis pechos... aquí estabas, encima de mí, al lado de mí, abajo de mí, y luego ya no. Te acaricie, y fuiste mío en tacto, te bese y tu sabor amargo-dulce era mío, te mire y esta visión de lo que eras me cautivo, no vi en ti nada más que la sonrisa, y ¡Dios! Creí que era perfecta.