Sus besos causaban relámpagos internos, huracanes en el corazón, tormentas en los ojos, en la mirada, causaban escalofríos por todo el cuerpo, como electricidad rápidamente. Su piel, daban ganas de acariciarla en cada momento, de descubrir nuevos mundos, de perderse en cada rincón de su cuerpo. Sus labios eran una dulce sonrisa, a veces convertidos en te quieros y en despedidas, pero al fin de cuentas eran sabor dulce, como si tuvieras un chocolate que te recordara a esos labios sabor cereza y menta.