Creo que su mamá era la luna, porque sus ojos se reflejaban en ella y porque daban ganas de perderse en ellos; creo que su papá era el sol, porque al sentirlo tan cerca, su piel con mi piel, sentía e irradiaba un calor como ningún otro, único, y creo que su Dios era el universo, porque en toda su piel estaban plasmadas cada una de las constelaciones, cada estrella muerta y perdida, cada estrella viva y fugaz.