Sus pezones me saben a cerezas, jugosas, listas para comer. Sus pechos, dos pequeños melocotones, embriagante sabor en mi lengua. Sus labios, dos fresas, medio ácidas, medio dulces. Toda ella, un destino incierto sobre su piel. Todo su cuerpo es el paraíso, un camino hacia el infierno. Maldad y ternura en una sola.