8 de agosto de 2014
Regresas tu mirada hacia mí. Y me miras un poco nostálgico, y algo contento. No te quieres ir de mí, y lo sé, sólo no me lo dices. No quieres que me ponga a llorar contigo, no quieres verme triste. Es inevitable esto, la distancia de nuestros cuerpos, pero no es nada inevitable la distancia de sentimientos, de tocarnos el corazón en palabras, en letras. Te abrazo, es lo único que se me ocurre hacer, tenerte un poquito de nuevo, y sonreír porque me correspondes el abrazo. Todo se cierra, todo se apaga, y somos tú y yo de nuevo, sin preocupaciones, sin miedos, sólo con la esperanza de que alguna vez, otra vez, tú y yo tendremos una cita, sin fecha, sin hora, nuestros corazones lo sabrán, y eso basta.