9 de agosto de 2014
Me lo estaba diciendo, repitiendo una y otra vez que nos viéramos, que me quería en su cama, y una parte de mí quería tenerla una vez más, hacerla mía, y otra quería darle duro, hacer de ella lo que quisiera, estaba dolido y enamorado y esa era una mala combinación en mí. La hice pasar a mi cuarto y sólo así de la nada me beso, era un beso lento, y sentí rabia, rabia porque ella podía hacer de mí lo que quisiera, yo no era su amigo, ni su novio, ni su esposo, su estúpido esposo del cual ella estaba enamorada, y por alguna razón ella no obtenía amor de él ¿Y qué hacía yo todos los días? Darle ese amor, y lo entendí, ella sólo quería sentirse amada, y era lo que yo hacía. Me beso dulcemente, quería todo lento, y no se lo dí, le dí con rabia, duro y fuerte, sabía que a ella no le gustaba así, mientras follamos ella trato de besarme, trato de hacer que la acariciara, y no, le tape la boca, le dí mucho más fuerte, y no gemía, sólo se quedo ahí... ni siquiera termine, ella sí. Ni siquiera me gusto, pero esa parte de mí, la que la odiaba, tenía que saciar las ganas de ella, de tratarla mal, porque ella había sido mala conmigo, no quería darle lo que ella quisiera, mi mente quería complacerme a mí, y sólo a mí. Estaba acostada a un lado mío, segundos después se vistió, y sólo pronunció: Sabrás follar muy bien, pero no sabes hacer el amor.