18 de julio de 2014
Lleno sus manos de mi cuerpo, de mi textura, lo recorrió queriéndolo conocer de memoria. Sonreía en mi boca, sus labios sobre los mios, su lengua bailando con la mía, eramos él y yo, y no había nadie al rededor. Sus manos buscaron mi sexo, lo acaricio, sonrío al notar que mi agua se había vuelto tormenta. Me miro, averiguo todo con la mirada, le sonreía de vuelta, jugábamos a desearnos, a encontrarnos y perdernos, a nunca separarnos... a los encuentros cuerpo a cuerpo, a las miradas que reflejaban alma y deseo, a las esquinas de besos, a los rincones de secretos. Eran momentos fugaces, está claro pero, eran los mejores momentos.