Existía una persona, sumamente triste, con el corazón de yeso, su cuerpo intacto de caricias, con las lágrimas secas, con la sonrisa inexistente. Existía aquel chico, que tenía los pies en la tierra completamente, que no soñaba, que no volaba, que no imaginaba, que no sentía dolor ni alegría.
Existía una chica, con la sonrisa naciente de la luna menguante, con cabello de olor canela, con su cuerpo de perlas, llena de abrazos y besos de amantes, con el corazón abierto para amar.
Existía ella, que tenía los pies en la luna, en las nubes, y en algún planeta en la tierra, su única meta y la esencial, era ser feliz día tras día, ella llevaba todos los sentimientos a flor de piel, sin miedo.
De pronto, un día, el destino se puso a jugar con aquellos dos corazones; cruzaron miradas, ella le trasmitió su alegría y le enseño a volar, y él le enseño lo amargo de la vida y planto sus pies a la tierra, para que nunca regresara de donde ella era... ella le regalo su corazón, y él cansado y agradecido, le dio el suyo.
Ahora ella se pasa el tiempo destruyendo corazones.