19 de julio de 2014

Aprendí desde niña en no creer en nadie, en no confiar en nadie. Así de esa forma me volví totalmente fría con lo que sentía, a no transmitirlo, no difundirlo, divulgarlo, decirlo. Vi como mis papás me mintieron todo el tiempo entorno a mi infancia, como decían que se amaban y en realidad no lo hacían, se odiaban mutuamente. Prefería mil veces que me lo dijesen, porque me hice una idea mala del amor... no tuve amor paterno, ellos eran algo así como secos, nada cariñosos, y creí que de esa forma tenía que ser, que tenía que guardarme todo para que no me hiriesen, que tenía que encerrarlo en el corazón para fingir que en realidad nunca haz sentido nada de nada.