20 de junio de 2014

Yo no quiero gustarle, gustar es algo tan simple, tan común. Significa que le puedo dejar de gustar un día después de mañana, en unas horas, hoy... que hoy pueda encontrar otra cara bonita.
Yo quiero que él me quiera, que vea en mí, que encuentre en mí algo que no hallara en algún otro corazón roto. Quiero que me abrace y no quiera estar en otro cuerpo, que no quiera que nadie más lo sujete. Quiero que hasta llegue a odiarme, y no me pierda. Que me quiera con las cosas malas y locas, malvada y voraz, tierna y tímida, fría y cálida.
Quiero que vea en mí un jardín, y no una sola flor.
Que vea en mí una noche, firmamento, no una luna.
Que vea en mí un día, no un sol.
Que vea en mí cada una de las estaciones y no sólo el verano.
Que me vea completa y no me abandone.
Que me vea a mi cuerpo gritarle, a mi alma irse con él y no abandonarme.
Soy completa sin él, soy mía con o sin él. Él no es mío, porque nos queremos.
¿Qué nos tenemos que pertenecer? Eso déjenselo a los débiles de corazón.