26 de junio de 2014

Me invente tus manos en la noche, una a una tus caricias, las que alguna vez me hacen dormir, sintiendo que si moría, moriría feliz; me invente tu pelo, mis manos acariciándolo, sientiendo como dormías en mi pecho y te mecía entre mis senos; me invente tus ojos, y su puro brillo, un abismo que parecía cielo, un infierno que parecía paraíso; me invente tu pecho, la mejor almohada para mis noches de nostalgia, el calor más bello, el calor más bueno; me invente tus labios, una sonrisa que no se cansa, unas mordidas que dolían pero que se disfrutaban, una a una un gemido sordo; te invente cada noche... nos hacia nuestros, me perdía en unas sombras, en los fantasmas del ayer, del ahora que no existe entre nosotros.