22 de mayo de 2014

Sus ojitos parecieran dos botones de flor, nadie sabia cuanta belleza tenía escondida en cada uno de ellos.
Ella tenía todo un universo en sus mejillas, donde las estrellas eran sus pequitas color canela.
Ella no mentía, trataba claro, pero sacaba unas carcajadas que te hacían pensar que no había maldad en ella.
Su sonrisa era como un laberinto, en el que un beso podía ser una desgracia o la más hermosa sensación de vida.
Ella era, una estrella, una estrella que no tenía luz, pero a cómo brillaba, yo era para ella, pero ella no podía ser para nadie.