1 de abril de 2014

Él odiaba que yo leyera, odiaba que yo leyera y que me gustaran los gatos, odiaba que me pasara la tarde viendo películas románticas, y durmiendo la mayor parte del tiempo, él no me entendía, no entendía lo maravilloso de las estrellas, y lo bueno de la lluvia, del café en la madrugada, y lo brillante de las formas de las nubes, el me veía como una niña infantil, el parecía muy maduro... era como un padre que no entiende a sus hijos, él se acostumbro a la vida, y yo, yo me sorprendía cada día más.