10 de abril de 2014
Así, uno se permite saber quien es, uno se permite conocerse en la gran soledad que dan las paredes, ni siquiera las paredes, la soledad que da todo el mundo, porque estas tú, tú pidiéndole a tu corazón que siga su ritmo, a tus ojos que no cierren, a tu alma que no te deje, y estas tú, tan solo. Somos nosotros haciendo las cosas que nos gustan, detestando lo de valor, disfrutando cosas simples, cosas simples con tales valores sentimentales que pareciera que tienes oro y diamantes en el corazón. Se te escurren los recuerdos del corazón y tratas de sujetarlos con las manos, los aprietas, los retienes, los haces tuyos... eres tú, tan simple, tan común, y eso es lo mejor.